Como decía en la entrada anterior, Orson Wells quiso hacer con
Ciudadano Kane una crítica de la vida y trayectoria de Hearst . Y es que investigando algo más sobre su vida, me veo obligada a dedicarle un espacio a tan singular personaje.
William Hearst, fue un periodista, pero no uno cualquiera. Editoriales, revistas, periódicos, estaban bajo su mando. Llegó a poseer un gran monopolio y se convirtió en un gran magnate controlando todos los medios de comunicación en la América de principios del s XX. Su poder e influencia política hizo que Estados Unidos interviniera en la independencia de Cuba y en el control del Canal de Panamá por parte de los americanos.
Podemos imaginar su fuente de ingresos. Su riqueza era tal, que decidió vivir como un verdadero príncipe o me atrevería a decir faraón. Sus extravagantes gustos y la fiebre compulsiva por poseer se unían en una fantasía sin límite. Xanadú realmente existió.Y no me refiero a un escenario en los estudios de la R.K.O. Se llama
Hearst Castle y está en California. Tiene horarios de visita, con guía, auriculares y tienda de souvenirs. Como si fuera un castillo del Loira.
Este complejo va más allá de lo que podamos imaginar. Hacer un recorrido por su galería de fotos nos sirve para hacernos una pequeña idea de su idea de hogar. Como si de las
wunderkammern del renacimiento se tratara, Hearst acumulaba objetos dispares como si fuera un
patchwork cultural : termas romanas, templos griegos, catedrales hispanoamericanas, artesonados mudéjares, en un "todo en uno". El magnate llega a adquirir a través de contactos en España, el claustro del monasterio de Onieva, el de Sacramenia de Segovia, partes del castillo de Benavente, una reja de la catedral de Valladolid....
Este afán por coleccionar claustros, debía estar de moda entre los millonarios americanos de la época. De hecho, Rockefeller financió lo que hoy se llama "
The Cloisters" un museo al aire libre en la parte norte de Manhattan, que hoy es una de las sedes del Metropolitan Museum of Art.
Quizás esto se deba a la añoranza de una cultura que abandonaron en el viejo continente, por no tener un pasado tan lejano, aunque a veces, esta fiebre por coleccionar o acumular objetos tan dispares se ha asociado en muchos casos a una patología obsesivo compulsiva o a algún tipo de trastorno.El mismo Freud coleccionaba estatuillas egipcias que exhibía en la mesa de su despacho. El Zar Pedro I el Grande coleccionaba fetos y malformaciones en botes de formol y llegó a reunir una colección que más bien parece un museo de los horrores. Andy Warhol también tuvo su particular Xanadú. Cuando vemos fotos de su dormitorio, podría haber sido decorado por el propio Hearst . Su creador fue en realidad el diseñador Jed Johnson, que también trabajó con él en la
Factory y que
acabaría siendo amante del artista. Pero Warhol, a diferencia de Hearst, acumulaba junto con las obras de arte cajas de detergente a las que le daba el mismo valor.
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| Dormitorio de Andy Warhol. East 66th street. |
Coleccionar, amontonar, poseer....Hearst tenía el dinero para satisfacer todos sus caprichos, no sabemos si poseía por la mera adicción de poseer, como el coleccionista obsesivo que quiere controlarlo todo, porque a eso estaría acostumbrado un hombre con semejante poder..
Pero lo que no pudo controlar el pobre Hearst fue la realización de
Ciudadano Kane, si bien intentó por todos los medios evitar su difusión. Ahora, se ha convertido en nuestros días en una película de culto entre los cinéfilos, que no deja de sorprendernos, no sólo por la estética y por lo que respresenta en la historia del Cine sino por el personaje tan fascinante al que representa.